jueves, 15 de marzo de 2012

El corazón del granjero

Es algo muy raro. En el mismo terreno, un especulador piensa: ¿Cuándo suirán el precio?, mientras que el granjero se pregunta: ¿Qué sembraré aquí? Mientras estaba sirviendo como pastor en una provincia, conocí a un granjero que me sorprendió.
El camino de dos carriles frente a la iglesia, estaba siendo agrandado a seis carriles. Ya habían pavimentado a ambos lados del camino, y sólo faltaba sembrar árboles, pero alguien había sembrado maíz. Pregunté por todos lados y llegué a descubrir que una diaconisa de la iglesia lo había hecho. La diaconisa había trabajado en el campo durante toda su vida, hasta que su hijo la trajo a la ciudad, para que viviera con él. Ella era una persona que al sólo ver un pedazo de terreno, se inquietaba por sembrar algo. Era agricultora por naturaleza. Llevaba montones de tierra al techo del departamento para plantar lechugas, mientras que ponía macetas en las gradas para plantar ají. Luego, plantó camotes al lado de la gasolinera. Hasta cavó un hoyo en el jardín de la iglesia para plantar batatas.
Cada vez que veo a la diaconisa, pienso que ese debería ser el espíritu de un misionero. Como la diaconisa anhela sembrar algo en cada terreno que ve, así el misionero debe anhelar evangelizar a toda la gente que ve. Todas las personas que conocemos, deben ser los campos en donde tenemos que plantar la semilla del evangelio de Jesús. Dependiendo del interés que tenemos, nuestra manera de ver y orar cambia. El misionero siempre debe orar: "Dios, haz que pueda ver a las almas como Tú las ves".

Deja atrás el orgullo del mundo y presume del evangelio.

"He sido impedido de ir antes, pero cuando vaya a España iré a vosotros. Ahora voy a Jerusalén, y llevo la ofrenda para los pobres. Los gentiles recibieron bienes espirituales, y ellos ayudan con bienes materiales. Os ruego que oren por mí, para que Dios me guarde, y pueda llegar con gozo a vosotros". El servicio espiritual y material. (Ro.15:22-33).

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