domingo, 11 de marzo de 2012

El amor de San Pafnucio

Una persona, con la determinación de lograr que un actor de comedia se convirtiera al cristianismo, se vendió a sí misma como esclavo al actor. Su nombre era Pafnucio. Pasaron 20 años para que el actor se arrepintiera, y al convertirse, dejó en libertad a Pafnucio. Pero al ser liberado, Pafnucio se vendió otra vez como esclavo, para poder ayudar a una viuda con aquel dinero. Al ser liberado por segunda vez, recibió un abrigo, un manto y una Biblia. Le dio el abrigo al primer pobre que encontró, y también hizo lo mismo con el manto. Y pensó: "Habiendo tantos pobres en este mundo, ¿cómo podré poseer una biblia yo solo?". Y vendió hasta la Biblia para compartir con los pobres. Durante toda su vida, sólo verduras, pan seco y agua entraron por su boca. Y sólo la Palabra de Dios salía de ella.
La familia del Señor no está conformada por parientes consaguíneos. Las personas que viven de acuerdo a la voluntad de Dios se convierten en hermanos y hermanas. La mejor manera de expandir esta familia, hacer que las personas que no conocían a Dios caminen según su voluntad, por el camino del amor y el sacrificio. En este mundo tan frío y cruel, Dios busca a personas de corazón como Pafnucio.
El café del alma que transforma la vida.
"No deban a nadie nada, sino el amarse unos a otros, pues el que ama al prójimo cumple la ley. Ahora está más cerca nuestra salvación que cuando creímos. El día se acerca. Vistamos las armas de luz. Andemos como de día, honestamente. Vístanse del Señor Jesucristo y no satisfagan los deseos de la carne." Jesús viene, vivamos en amor. (Ro 13:8-14)

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