Visitamos una montaña, y al descender de
ella, un hombre venía en dirección contraria y me habló como dándome una orden:
"¡Camine por el lado izquierdo!". Su manera de hablar no fue
agradable, pero dijo lo correcto, así que respondí: ¡Ah! Tiene razón. Caminaré por el lado
izquierdo. Gracias".
Mi esposo sonriente dijo: "Bueno,
caminemos manteniéndonos al lado izquierdo". Pero, surgió un problema. Al
permanecer a la izquierda, me incomodaban las personas que venían en dirección
contraria, al lado derecho, pues caminaban en zigzag, tocando las hojas de pino
y acariciando sus rostros con los pétalos. Me puse a pensar si exhortarles para
que mantengan su lado, respetando la regla, o respetar su momento de felicidad.
Luego reconocí que caminar a un lado es una regla que se debe cumplir en
lugares públicos, pero no es el mejor reglamento en un camino estrecho en la
montaña. Por las características de los caminos montañosos, no queda otra que
caminar a veces a la derecha, otras por la izquierda, o caminar por el medio. Entonces,
comprendí que el reglamento es importante, pero si no se cumple con amor, puede
lastimar y convertirse en pecado de juzgar a otros.
Es totalmente inaceptable tergiversar la
verdad. Pero si llego a lastimar o agredir por hacer lo correcto, mi sentido de
justicia pierde la gracia de la cruz. Si nuestra prioridad es expandir el reino
de dios, es más importante ser hombres que ganen almas, en vez de dar prioridad
a mantener el lado izquierdo al caminar. Recordemos que el Reino de Dios debe
ser nuestro objetivo primordial, y no si caminar por el lado izquierdo o
derecho.
El
pecado de murmurar y juzgar al hermano (4:11-12)
En última instancia, la murmuración es
blasfemia contra Dios. El fundamento de la Ley de dios es el amor, por tanto,
la murmuración y el juicio contra el prójimo equivalen a murmurar y juzgar la
Ley. el pecado de murmuración contra el hermano desafía la autoridad de Dios y
pretende usurpar Su trono de Rey y Juez. Cualquiera que menosprecia la Ley es
considerado como rebelde que desafía la autoridad de Dios. Si cumplimos la Ley,
recuperamos la imagen de Dios, pero en caso contrario, la perdemos. Somos Su
creación, por lo tanto, no somos 'hacedores' de la Ley ni jueces. Dios no pasa
por alto a los que olvidan el lugar que les corresponde. Él es el soberano
sobre todos y no puede ser burlado. Nuestros hermanos deben ser el objeto de
nuestro amor. todo hombre tiene el deber de amar y obedecer a Dios y amar al prójimo.
¿Cumplo
la Ley con humildad o uso la Ley como vara para juzgar y condenar a otros? ¿Me
esfuerzo por vivir según la ley del amor de Dios, antes que el legalismo?
La
incertidumbre de hacer planes sin Dios (4:13-17)
Podemos hacer planes detallados con
excelentes estrategias, pero si no tomamos en cuenta a Dios, es en vano. Dios
es el soberano sobre los tiempos y acontecimientos. Si no sabemos qué sucederá
mañana, ¿Cómo podemos asegurar lo que haremos luego de un año? La vida del
hombre es como la neblina, que aparece por un tiempo, y se desvanece. Nadie se
puede jactar, ni garantizar su futuro. Debemos confiar en la plena soberanía de Dios y ser fieles a Él con
humildad. Podemos avanzar con denuedo hacia la visión con pasión, pero a la
vez, debemos reconocer nuestras limitaciones y depender del Señor, como si
fuéramos niños. Trabajemos confiando que viviremos por la eternidad, pero
vivamos como si fuéramos a morir mañana. Cuando desechamos la jactancia y las
pasiones vanas, recibimos la guía fiel y bendición de Dios.
¿Oro y
busco a Dios para que guíe y dirija todos mis planes? ¿Qué es más
importante que la abundancia de
recursos, una idea genial o una estrategia detallada?
Oremos
-Que siempre cumpla la ley del amor de Dios,
sin murmurar ni juzgar, y que Él sea el
Rey de mi vida, guiándome en todas las cosas conforme a Su voluntad.
-Que la Iglesia viva en santidad y amor, sin
murmurar ni juzgarse unos a otros.
-Que las autoridades reconozcan su necesidad
de Dios para vivir y gobernar bien.
Ayuda a
su meditación
Murmurar y juzgar al hermano es criticar y
juzgar la ley. No eres juez. Sólo Dios es el dador de la ley que puede salvar y
condenar. Tú no juzgues a otro. Toda jactancia de vuestra soberbia es pecado y
al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado.
Lectura:
La soberanía de Dios (Santiago 4:11-17)
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